El 2025 se encamina a cerrar como uno de los períodos más difíciles para las pymes de la provincia de Buenos Aires, incluso por debajo del impacto que tuvo la pandemia.
Los indicadores sectoriales reflejan con claridad este deterioro. Según datos de la CAME, las ventas minoristas pymes cayeron 4,1% interanual en noviembre, a precios constantes, con descensos en seis de los siete rubros relevados y una fuerte contracción mensual del 9,1%. Este contexto evidencia un consumo interno deprimido y condiciones operativas cada vez más ajustadas para los pequeños y medianos comercios.
La producción industrial pyme tampoco logró revertir la tendencia negativa. En octubre, la actividad registró una baja interanual del 3,2%, acumulando seis meses consecutivos de caídas, especialmente en sectores clave como textil e indumentaria. Estas contracciones sostenidas impactan directamente en el flujo de caja, reducen las órdenes de compra y dificultan la sostenibilidad del empleo formal.
A este escenario se suma un conjunto de problemas estructurales que afectan a las pymes bonaerenses: subutilización de la capacidad instalada, elevada presión impositiva y costos laborales, escaso acceso al crédito productivo y una competencia desigual frente a importaciones a menor precio. Todo ello configura una situación que ya no puede considerarse transitoria, sino consecuencia de políticas insuficientes y la ausencia de una estrategia clara de reactivación.
A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia, cuando existieron mecanismos de asistencia estatal que amortiguaron la crisis, hoy las pymes enfrentan un retroceso similar o mayor sin respuestas concretas. En este contexto, resulta imprescindible que los gobiernos coloquen a las pymes en el centro de la agenda económica, con incentivos productivos, alivios fiscales, financiamiento adecuado y una participación activa del sector en el diseño de las reformas necesarias para recuperar el crecimiento y el empleo.





