El 2025 dejó decisiones clave sobre la explotación de los recursos naturales en Mendoza, con la minería y el agua como ejes centrales. El impulso político a nuevos proyectos convive con crecientes conflictos por contaminación, escasez hídrica y debilidad institucional.
El último año fue bisagra porque puso en primer plano la explotación de recursos no renovables, como la minería y el petróleo, y de uno renovable pero cada vez más crítico: el agua. Proyectos de cobre en Las Heras, petróleo en Malargüe, uranio en el sur provincial y conflictos por el uso del agua en zonas como Ugarteche y Agrelo expusieron tanto el potencial económico como las tensiones ambientales y sociales que atraviesan a Mendoza.
El manejo del agua aparece como el punto más delicado. En 2025 se consolidó el control del recurso por parte del Departamento General de Irrigación, pero al mismo tiempo quedaron en evidencia casos de contaminación y malas prácticas, junto con una falta de respaldo político y judicial a sus decisiones. El prolongado conflicto por los pozos de agua en Alto Agrelo, aún sin resolución de la Suprema Corte, dejó un antecedente que debilita la autoridad del organismo y siembra dudas sobre cómo se aplicarán futuras restricciones en minería, petróleo e inmobiliarios.
En este contexto, el Gobierno prepara un Plan Hídrico que definirá el mapa del agua hacia las próximas décadas. La administración de la escasez, la eficiencia y el costo económico del recurso serán ejes centrales, en un escenario donde el déficit proyectado hacia 2050 es alarmante. El acceso al agua se perfila así como la llave que condicionará qué actividades productivas podrán desarrollarse.
En paralelo, la minería fue presentada como una gran promesa de diversificación económica. El proyecto San Jorge, para la extracción de cobre en Uspallata, se convirtió en el emblema del impulso minero de la gestión de Alfredo Cornejo, aunque todavía debe atravesar múltiples instancias técnicas, ambientales y judiciales. En Malargüe, en tanto, el panorama es más moderado de lo anunciado y casos como Potasio Río Colorado siguen rodeados de incertidumbre. Entre expectativas, conflictos y antecedentes institucionales frágiles, Mendoza cerró 2025 con un debate abierto sobre cómo convertir sus recursos en desarrollo sostenible.





