El metal precioso volvió a ubicarse en el centro de la escena tras superar los USD 4.600 la onza troy. El movimiento refleja una creciente búsqueda de cobertura por parte de los inversores frente a un escenario marcado por tensiones monetarias, fiscales y geopolíticas que alimentan la incertidumbre global.

Especialistas coinciden en que, a diferencia de otros ciclos, el actual repunte del oro no responde solo a factores técnicos. Según John Murillo, Chief Business Officer de B2BROKER, el metal se ve beneficiado por una combinación poco habitual de riesgos que refuerzan su atractivo como activo defensivo.

Murillo recordó que el oro no genera renta, ya que no paga cupones ni dividendos, lo que históricamente limitó la duración de sus ciclos alcistas. Sin embargo, señaló que el contexto actual es distinto, con una agenda geopolítica activa por parte de Estados Unidos y un proceso judicial que involucra al titular de la Reserva Federal, Jerome Powell.

En este marco, bancos centrales e inversores institucionales continúan acumulando oro físico de manera sostenida y no especulativa. Esta demanda estructural, explicó el analista, vuelve a la tendencia menos vulnerable a la volatilidad de corto plazo.

No obstante, el fuerte avance del precio también tiene un componente psicológico difícil de medir. La reacción de los mercados frente a eventos disruptivos genera movimientos que no siempre pueden incorporarse en proyecciones basadas únicamente en datos duros.

Respecto de los ETF vinculados al oro, Murillo distinguió entre los fondos más líquidos y aquellos respaldados por metal físico. Si bien destacó instrumentos tradicionales como GLD, advirtió sobre los riesgos de los ETF apalancados y recomendó, para perfiles más conservadores, los fondos que cuentan con respaldo físico, al considerarlos más adecuados en un contexto de alta incertidumbre.

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