La industria textil atraviesa una de sus crisis más profundas, con una fuerte pérdida de puestos de trabajo y una caída marcada de los precios. Según un informe de Analytica, el sector perdió 18.333 empleados desde el inicio del actual gobierno, mientras que la indumentaria se abarató en términos reales.
De acuerdo con el relevamiento, la combinación de caída del consumo interno, apertura importadora y falta de apoyo oficial golpeó de lleno a una actividad que emplea a unas 250 mil personas. En algunos segmentos, la producción cayó casi 50% interanual y la capacidad instalada funciona apenas al 29%, uno de los niveles más bajos de la serie histórica.
Pese a este deterioro, los precios del rubro subieron muy por debajo de la inflación general. Desde noviembre de 2023, la indumentaria aumentó 149,4%, frente a una inflación acumulada del 259,4%, lo que implicó un abaratamiento relativo del 30,6% y el nivel más bajo desde 2016. Esta dinámica ayudó a contener el IPC, a diferencia de los servicios, menos expuestos a la competencia externa.
Las entidades del sector advierten que la baja de precios no respondió a mejoras de competitividad, sino a una estrategia defensiva frente al avance importador. La FITA y la Fundación Pro Tejer señalaron que las rebajas impositivas y la desregulación beneficiaron principalmente a los productos del exterior, mientras la producción local sigue enfrentando altos costos y escaso financiamiento.
El impacto también se reflejó en el cierre de empresas y el aumento de la informalidad. Entre 2023 y 2025 cerraron 558 establecimientos y la industria acumuló caídas en casi todos los meses del último año. En paralelo, las importaciones de indumentaria y calzado alcanzaron niveles récord, profundizando la crisis de un sector que, aunque hoy ofrece precios más bajos, lo hace a costa de empleo y producción nacional.





