La Argentina suma inversiones por más de US$10.000 millones en proyectos de cobre en los próximos tres años, principalmente en San Juan, Catamarca y Salta. El crecimiento responde a la demanda global de minerales críticos para la transición energética, en un contexto internacional que necesita cobre para electrificación, energías renovables y electromovilidad. Con nuevos proyectos en marcha y cambios en el marco regulatorio, el país busca consolidarse como proveedor estratégico en un mercado que se expande.
Según el relevamiento publicado, existen varios desarrollos en etapa avanzada que podrían transformar el perfil exportador argentino. El cobre, clave para la fabricación de baterías, autos eléctricos y redes eléctricas, se convirtió en un recurso central para las economías que apuestan a la descarbonización. La Argentina tiene potencial geológico significativo, pero durante años el sector enfrentó trabas regulatorias, incertidumbre macroeconómica y dificultades para acceder a financiamiento.
En este nuevo escenario, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) aparece como una herramienta decisiva para acelerar desembolsos y dar previsibilidad. Las provincias cordilleranas concentran los proyectos más importantes, lo que podría generar empleo calificado, encadenamientos productivos y un fuerte impacto en exportaciones.
Si las inversiones se concretan, el cobre podría convertirse en uno de los principales complejos exportadores del país en la próxima década. El desafío ahora es sostener reglas claras, estabilidad macroeconómica y consenso político para que la oportunidad no vuelva a diluirse.





